Leyenda sobre el ajedrez

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La invención del ajedrez ha sido atribuida a los hindúes, árabes, egipcios, babilonios, chinos, griegos, romanos, judíos, castellanos, irlandeses, italianos y galos, entre otros. Tantas incertidumbres acerca de sus orígenes han contribuido al florecimiento de varias leyendas acerca de los comienzos del ajedrez, una de ellas es la historia de Lahur Sissa.

Es muy difícil establecer la época en que vivió y reinó en India el rey Ladava. Este monarca es señalado por varios historiadores hindúes como uno de los soberanos más ricos y generosos de su época. Además, dada la antigüedad de la leyenda, también es difícil comprobar su veracidad.

La historia cuenta que Ladava se encontraba sumergido en una profunda angustia y depresión debido a que una cruenta guerra se había cobrado la vida de su hijo, cuando le fue informado que un joven brahmán solicitaba una audiencia con él. El nombre de este joven era Lahur Sessa y su misión era la de informarle al rey acerca de su invención de un juego que lo distraería y abriría las puertas de nuevas alegrías. Se trataba del juego del ajedrez.

Sessa le presentó al rey un gran tablero de ajedrez dividido en sesenta y cuatro cuadros sobre los cuales se clocaban dos series de piezas, blancas y negras. Luego Sessa explicó pacientemente en qué consistía el juego, así como también las reglas esenciales tanto al rey, como a los visires y cortesanos.

En poco tiempo el rey Ladava aprendió las reglas del ajedrez y pudo observar con gran sorpresa que la posición de las piezas de ajedrez y las combinaciones resultantes de ellas parecían, de alguna manera, reproducir la batalla en la que había perdido a su hijo. El rey quedó maravillado y quiso recompensar al joven Sessa digna y generosamente. El rey Ladava era lo suficientemente rico como para cumplir el deseo más elevado de Sessa.

-“Soberano, manda que me entreguen un grano de trigo por la primera casilla del tablero de ajedrez, dos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta y así sucesivamente hasta la casilla 64”.

A la mañana siguiente el matemático del reino informó a su rey que era imposible cumplir con el pedido del joven inventor del ajedrez porque no existían graneros en todo el mundo para juntar dieciocho trillones cuatrocientos cuarenta y seis mil setecientos cuarenta y cuatro billones setenta y tres mil setecientos nueve millones quinientos cincuenta y un mil seiscientos quince granos de trigo.